My Work

Tuesday, November 03, 2009

Teardrop

Yo nunca, hasta entonces, había oído la frase "umbral del dolor".

Hace ya un buen rato de esto.
Una molestia me obligaba a ir al dentista –sólo así voy, cuando no tengo más remedio, como dentro de poco tendré que hacerlo–. Le contaba yo a la chica que me atendía en aquel entonces sobre mi malestar, cuando paso la lengua por este lado, siento raro.
Es curioso cómo el lenguaje corporal es tan elocuente, a diferencia del verbal. Cuando tu dentista 1–mira el interior de tu boca, 2–te mira a los ojos, 3– mira otra vez dentro de tu boca, sabes que algo raro pasa.
–Sientes raro.
–Ajá.
Otra pausa. Y rara.
–Pues deberías estar en un alarido de dolor: tu muela se rompió y traes los nervios colgando.

El "umbral del dolor". No fue difícil deducir que se refiere al nivel individual de tolerancia.

He sentido dolores físicos intensos pocas veces en mi vida. Pocos pero particularmente intensos.
Recuerdo dos en particular.

A los 19, un viernes. Después de un gradual y enloquecedor dolor de alrededor de dieciséis horas, me extirparon el apéndice. Comenzó el malestar al mediodía como un híjole, ha de ser porque no he desayunado, y se convirtió en un grito de auxilio a mi hermana a media madrugada hasta que fui llevado de emergencia al hospital. En el inter, mientras el médico eliminaba posibilidades, el agudo dolor había volteado al revés mi mente, como un suéter. Recuerdo haber "pensado", este tipo no tiene la menor idea. Seguro ahorita está estornudando, tira los papeles a medio pasillo y mientras el estúpido se agacha a recogerlos, esos valiosos segundos podrían haberme salvado. Este dolor es insoportable. En diez segundos más, sin duda, estaré muerto. Pero pasaban esos eternos diez segundos y seguía vivo, inexplicablemente. No puede ser, volvía a "pensar", no sobrevivo estos diez. No podría. Así hasta que mi mente, entumida, continuaba resbalando por una mortal espiral descendente.
A la mañana siguiente, aún drogado por la anestesia pero ya sin apéndice, oía de lejos al médico felicitarme, no es cualquier cosa aguantar lo que aguantaste, hijo. El dolor que sufriste es lo más cercano al dolor de parto. ¿Quién diablos felicita a alguien por sufrir? ¿Acaso es un mérito por decisión propia? Feliz primer lugar, chavito-sin-casa – palmadita en el hombro. Y ¿cómo diablos sabe un hombre, médico o no, cómo duele un maldito parto? Aún con esfuerzo, pude articular bien esas preguntas.

El segundo no fue tan fuerte, claro. Es un segundo lejano lugar, pero sin duda tuvo lo suyo. Fue no mucho después – en el dentista, por supuesto. Sobra decir lo mucho que disfruto esas sesiones.
Una muela tenía que ser removida, estaba acostada, abajo y hasta atrás y había que serrucharla a la mitad primero. O sea, no me jodas. Pues ni hablar, chingo de anestesia. Una inyección, bueno dos y, a ver, tres ya. Pero no me hacía efecto y me di cuenta por qué. En lugar de estar recostado sobre el asiento y adoptar su forma de S, mi cuerpo era como una enorme regla apoyada en donde sea, absolutamente rígido – noté el espacio entre mi espalda y el respaldo–. Después de cuatro inútiles inyecciones de anestesia, el dentista –ya no era la misma chica de antes, lástima, ella me relajaba mejor evidentemente– me dijo, así ps cómo. Regresa en una semana, más relajado.
Más relajado. Seguro, iluso. Nada más apetecible que una nueva semana de nauseabunda anticipación para ver al dentista. Por supuesto, cuando el funesto día llegó, mis nervios se habían acumulado a los de la semana anterior.
Bueno, el final es fácil de imaginar. Cuando me preguntó a la cuarta inyección si ya estaba haciendo efecto la anestesia, en mi configuración visual aparecieron dos opciones: acumular una semana más o decir que sí. Y el fulanito dijo que sí.

Es increíble cómo, después de cierto nivel, el dolor se apodera de la mente, la distorsiona y tuerce su percepción. Y la vida es percepción. Desde un ángulo darwiniano, la selección natural ha establecido a nuestra percepción del dolor como la principal alerta vital, sobre lo que sea que nos haga sentir vulnerables al daño corporal, lo que amenace o haga peligrar nuestra vida. Por eso la tortura es tan efectiva – siempre haremos todo lo posible por evitar dolor intenso. La ciencia explica con razones directas cómo funcionamos, y el dolor es un sistema de alertas básico. En otros niveles, toca puntos importantes, erosiona – o esculpe, pero sin duda influye.

El umbral del dolor suena a película cincuentera lacrimógena mexicana, onda Marga López y Perro Infame y esas cosas. O podría ser, El Santo & Atreyu contra los Globos Aerostáticos en el Umbral del Dolor. Lo que sea. Aristóteles decía que el objetivo del sabio no era asegurar el placer sino evitar el dolor.

Merece su lugar, tiene un gran nivel.

He imaginado que todas las cosas que se pierden están en un sólo lugar. Un lugar enorme, como una central de camiones. Hay de todo, por supuesto. Desde encendedores –seguro yo sería el aportador del 90%– hasta vidas paralelas.

Perdí algo importante hace no mucho.
Dolió. Está bien asimilarlo, bien lo sé, aún doliendo lo considerable para haber sido algo importante. En mi propio rango – en mi propio umbral – aquí le doy su lugar.

*

10 comments:

Anonymous said...

El lugar que imaginas, a donde va lo perdido, me parece que es una reserva, un espacio al que puedes o quieres regresar de cuando en cuando, y en donde, aunque sea para acumular pérdidas nuevas, vuelves y ves lo que has dejado ahí.

Lo que se pierde, se pierde y no se sabe dónde está. De tal manera que si perdiste "algo" tan importante como para que doliera, es el efecto innegable de la ausencia, del hueco que deja.

Daniel

Sin embargo, sé, que hay cosas que se pierden, pero que si se buscan se pueden recuperar, sólo habrá que ver si queremos encontrarlas o si ellas se dejan encontrar.

En tu umbral del dolor, cada vez que experimentas un dolor nuevo, y lo sufres, te vuelves capaz de soportar uno mayor y te vuelves más hábil para salir de él mejor librado.

También creo que lo perdido merece un mejor lugar, más allá de la oda al umbral del dolor, porque eso sigue siendo tuyo.

paulina said...

fraaanz, disfruté muchíiiiisimo tu texto.

Dolió. Está bien asimilarlo, bien lo sé, aún doliendo lo considerable para haber sido algo importante. En mi propio rango – en mi propio umbral – aquí le doy su lugar.
woooww!

soy fan, soy fan!!!!!

Nicolai Alexander said...

Mi estimado,

Disfruté mucho el texto, y me llevó a las veces en las que he sentido un dolor enloquecedor, de ésos que te hacen buscar el botón de off y que te despierten cuando todo ha pasado.

Aunque tu reflexión me ha dejado en otro punto. ¿El umbral del dolor no será otra cosa mas que la capacidad personal de saborear el evento que te invade? (desde una cortada hasta una separación) ¿Qué tanto saboreas el dolor? pero también es ¿qué tanto quieres saborear ese dolor?

Es verdad todos queremos evitarlo, pero también es el impulso que nos indica que continuamos con vida.

Perdiste a alguien, dolió, sigues vivo, pero ya sabes lo que dicen: que lo que no te mata te fortalece. (o expande tu umbral)

Saludos

Eduardo Caudillo said...

Mierda, qué miedo el dolor físico, me aterra más aún el no tener seguro médico... aunque el hecho de ser parcialmente inmune al dolor amoroso me preocupa bastante, sobre todo porque no conozco las causas ni las consecuencias.

Por otra parte el dolor de cualquier índole tiene una parte que me gusta (a riesgo de sonar emo): nos recuerda de una manera peculiar que estamos vivos, está de la verga, pero se agradece...

Fabs said...

Jajajaja lo siento, estaba a punto de iniciar mi comentario pero no pude evitar leer el comment de acá arriba :P.

Ayyy hombre, lo dicho, yo conocí "el umbral del dolor" en una situación por demás incómoda, en donde, para variar, la gente juzga y juzga...

¡Qué demonios no se cansan?... ¡Ja! Sabemos que es un tema por demás extenso.

Continúo..

He pasado por dolores físicos muy intensos, no puedo compararlos con nada, pero han sido tales que me he vuelto insensible al respecto. Otro de los poderes de la mente, puedes sufrir antes de sentir algo y, al final... no sientes... no duele... ya no duele.

Es chistoso poder controlar lo físico, si hablamos de la otra parte, la que dominan mis emociones, es difícil, tanto que merece duelo, tiempo, fuerzas... cómo puede ser tan diferente, cómo puede doler tanto; al final la mente también controla ese dolor, pero cuando lo sientes, por lo menos cuando yo lo siento, me siento viva, humana... existo.

Por fin comprendí lo que no podía explicarte, no es que no seas "tan humano", tampoco que no te gusten "esos temas"... pero lo expresaste de una manera simbólica...

Evidentemente EL PUNTO aquí son esas cuatro líneas, porque no hay necesidad de decir nada más.

Bien por la refrescada, bien por sentirte wow.

Saludos y un beso!

Karina said...

Franz iba a burlrme de ti porque este texto, el domingo, me sacó de mi dolor caguengue de la cruda, pero el final agregado me hizo ver en ti lo mismo que los senos de Elba Esteher mostrados a Lujambio: que a pesar de todo, todavía eres humano.

Un abrazo.

rogelio garza said...

Dolor es un clavo metido en la mano. Sufrimiento es la cicatriz que deja.

Te entiendo perfectamente en cuanto a los umbrales del dolor físico y el metafísico, he padecido los dos de manera aguda.

El físico lo he atenuado con todo lo que he tenido al alcance, legal e ilegalmente, lo último fueron inyecciones semanales de cortisona.

Pero el metafísico, ése está muy canijo y lo peor es que se vuelve sufrimiento...

Anonymous said...

Franz esto es muy bonito.. divertido, fluido, natural y muuuy bonito..

Sué

Anonymous said...

...de vez en cuando extraño el complemento de mi humor dormido...la cara de Benny Hill...el gnomo...es bueno saberlo vivo...jeje

Clon 35

serpentina said...

No puedo creer que tenga tanto tiempo sin venir a este lugar que tan bien me conoció. Esto del blogging es otra de esas cosas que tenía olvidada y que (por las malas, si quieres) estoy recuperando ahora que lo necesito.

Una de las escisiones más violentas a las que somos sometidos en el proceso de domesticación humana es la desconexión con nuestro ser superior. Suena esotérico, pero es tan sencillo como la conexión que hay entre nuestras emociones y su manifestación. En terminos metafísicos, el umbral del dolor refleja qué tan conectados o desconectados estamos de nuestras necesidades: si algo que al organismo humano promedio le produce dolor en un caso concreto no lo está produciendo, hablamos de una escisión de este tipo... y se extiende a todos los planos de conexión con uno mismo.

El bienestar no es evitar el sufrimiento. Es precisamente lo contrario: lo admito. Sólo cuando tomas algo en tus manos eres capaz de manipularlo, tú eres su dueño y no al revés. La escisión nos priva de la experiencia. La experiencia nos arraiga, nos obliga a asumirnos. Es a eso precisamente a lo que venimos.

"El dolor es inevitable. El sufrimiento, en cambio, es opcional."
-Buda